lunes, 5 de mayo de 2014

Una baldosa calcárea - Escrito el 4 de mayo de 2014

Esa baldosa calcárea roja, al lado de una ocre, conformando una guarda, un dibujo geométrico en el piso de la cocina. Encerada tantas veces nos reflejó caminando, a mamá cocinando, a papá preparando el mate de la mañana y a mí corriendo hacia la Longvie para que no se derramara la leche sobre la hornalla a las 7 antes de ir a la escuela. 
Desgastada por nosotros viviendo a través de años y años. Sobre esa baldosa se volcó la salsa de los tallarines de los domingos, cayeron y se rompieron copas de cristal y también sueños. Ella reflejó abrazos felices y también tristes, peleas y reencuentros.
Reflejó la luz de una lamparita y luego la del tubo fluorescente, y aún sin poderlo escuchó "Madreselvas en Flor", "De buen humor" y otros de Glen Miller en el silbido de papá.
Sobre ella ensayaba algunos pasos de twist mientras paseaba a mi hermanito enfermo de sarampión en su cochecito y escuché a mamá haciéndome confesiones de esos secretos familiares de los que "no se habla".
Esa baldosa calcárea se blanqueó por la caída accidental de lavandina, se impregnó de manchas de aceite, pero también de tanta historia...
Hoy ya no está. Pero si estuviera, estaría almacenando en sus pigmentos las vidas de quienes seguimos transitando ese espacio, de los que estamos, de los que quedamos.

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